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RESULTADOS DE ENADE 2001 / 29 de agosto 2001 / Hotel Marriot, San Salvador


 II.- ENTORNO ECONOMICO

La situación que presenta el país en el campo económico es más delicada que el año anterior. Resultado del proceso de dolarización que inició la Ley de Integración Monetaria, la estabilidad de macroeconómica está asegurada, por lo menos en cuanto a los precios internos y a la moneda, manteniéndose como un logro importante; sin embargo, la actividad económica en general se mantiene deprimida y con visos de agravarse.

A pesar que las versiones oficiales sitúan el crecimiento del Producto Interno Bruto para el 2001 en 3 por ciento en términos reales, la evidencia empírica muestra que la economía está creciendo menos que el año anterior, cuando se alcanzó una tasa de sólo el 2 por ciento. De hecho, todos los sectores evidencian un menor ritmo de expansión, lo cual de alguna manera se ve reflejado en el poco dinamismo que está experimentando la demanda de crédito.

Evidentemente, los sismos de enero y febrero han tenido un enorme impacto en el desempeño de la economía y sus efectos destructivos significaron un impacto equivalente al 12 por ciento del PIB, según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, lo que significan aproximadamente a cinco años de esfuerzo productivo, a las tasas de crecimiento registradas en el mismo período.

Lo más delicado, es que la pérdida de empleos, la destrucción de vivienda y el deterioro que experimentaron los servicios básicos, aumentaron la pobreza extrema y revirtieron una parte de los logros que en este campo se había obtenido durante toda la década anterior.

Últimamente, la situación ha desmejorado por el fenómeno de la sequía, que ha destruido una proporción significativa de los cultivos de cereales y otras plantaciones que forman parte de la dieta básica de la población y representan un alto porcentaje del consumo global del país.

A ello se agrega el virtual estancamiento de la economía de los Estados Unidos, el menor crecimiento que registran los países centroamericanos, la caída de los precios internacionales del café y el efecto que han tenido los precios del petróleo. Inclusive la maquila, que había venido registrando altas tasas de crecimiento, ha comenzado a perder dinamismo, como consecuencia del fenómeno que registra la economía estadounidense.

Esto último se ha visto reflejado en la ampliación de la brecha comercial, que a junio de 2001 registra un crecimiento cercano al 30 por ciento, en comparación con igual período del año anterior. Esto estaría presionando el "stock" de reservas con que cuenta el país después de la entrada en vigencia de la Ley de Integración Monetaria, aunque sus efectos no sean por el momento alarmantes.

En el campo fiscal, la situación ha tendido a debilitarse. Los gastos de emergencia asociados a los terremotos, si bien han sido en parte afrontados con la contratación de préstamos internacionales y la reorientación de recursos que estaban asignados a otros programas, han hecho que el déficit fiscal se amplíe hasta una proporción del 3.5 por ciento del PIB para el presente año, según estimaciones oficiales. En todo caso, una parte de estos gastos son transitorios y no deberían presionar los déficit futuros.

Más preocupante resulta constatar el elevado endeudamiento de corto plazo en el que ha venido incurriendo el gobierno, ante una constante expansión del gastos, y como consecuencia del poco dinamismo que muestran los ingresos, resultado en parte del lento crecimiento económico.

Esto queda ilustrado en la colocación de euro bonos en el mercado internacional por US $ 353 millones -buena parte de la cual fue adquirida por inversionistas locales- y el anuncio de que está por promoverse una nueva emisión por casi US $ 800 millones.

Resultado de la Ley de Integración Monetaria, las deudas del Banco Central fueron trasladadas al Ministerio de Hacienda, con lo cual se potencia más de incremento del déficit fiscal. A ello también se agrega el incremento de las transferencias al ISSS para mantener el régimen de pensiones público y la presión que ejercen los certificados de traspaso en lo que concierne al sistema privado.

En una perspectiva de mediano y largo plazo, este panorama plantea la necesidad de trabajar por lo menos en tres frentes, como se señala en el área de política fiscal que se trata más adelante: 1) racionalización del gasto, 2) aumento de la base tributaria y 3) una política de endeudamiento ajustada al comportamiento de la economía.

Dentro de una visión más general, por el momento no se percibe la presencia de un factor de crecimiento que altere significativamente el rumbo de la economía. Un cambio sensible de signo positivo está fuertemente ligado a la recuperación de la economía mundial y de los Estados Unidos.

Los efectos recesivos en esta última, lo mismo que en la japonesa, se están extendiendo al resto de países subdesarrollados y a los países emergentes, lo cual irremediablemente incidiría en El Salvador y en sus socios principales, dentro de los que se encuentran los países centroamericanos.

En este escenario, las expectativas de mayores niveles inversión que se tenían con la vigencia de la Ley de Integración Monetaria, se debilitan, y en su viabilidad está atada en de manera significativa a concretar un TLC de Centroamérica con los Estados Unidos, pero ello igualmente pasa por una ampliación y diversificación significativa de la base productiva, para aprovechar con algunas posibilidades de éxito el mercado ampliado.

Un elemento también central en las posibilidades de reactivación, es la forma en que se oriente el esfuerzo de reconstrucción. Si bien en este caso no pueden ignorarse las implicaciones fiscales transitorias que el mismo conlleva, también es cierto que ese esfuerzo puede significar un impulso a actividades como la construcción, que generan efectos en cadena en los otros sectores productivos.

Sin embargo, esto implica incorporar la misma reconstrucción dentro de una estrategia más integral de desarrollo, que es algo que por el momento, está ausente. Esto significa convertir el desastre en una oportunidad, canalizando la inversión pública con un sentido más estratégico y por esa vía estimular la inversión privada.

Abonan estas posibilidades, el hecho de que la economía, con todas las dificultades originadas en un contexto internacional adverso y la presencia de algunos de desbalances que hay que administrar, como el caso del fiscal, conserva algunos márgenes de maniobra que manejados con prudencia, pueden facilitar la superación de la actual coyuntura.

Nos referimos concretamente a la estabilidad macroeconómica que en general sigue manteniendo el país y una situación de endeudamiento externo, todavía dentro de límites manejables. El riesgo de la devaluación también ha desaparecido con el proceso de dolarización.

Todo ello favorece pasar de la estabilidad como un objetivo en sí mismo, para utilizarla como un medio para impulsar políticas de producción, dentro de un esfuerzo que concilie la reactivación de la demanda interna, con las posibilidades que ofrecen los mercados externos ampliados.

 


Ing. Benjamin Trabanino
Sector Constructor

Ing. Federico Colorado
Sector Educación / Vivienda

Ing. Gustavo Belimelis
Sector Bancario

Ing. Napoleón Guerrero
Sector Industrial

Lic. Carlos Delgado
Sector Turismo

Lic. Carlos Martinez
Sector Empresario

Lic. Mo. Salaverria
Sector Agropecuario

Lic. Vilma de Calderón
Sector Comercial

Sr. Rolando Duarte
Mercado Bursátil

Sr. Elías Antonio Saca
Macroeconomía