El Tercer Encuentro Nacional de la Empresa Privada
presenta la visión empresarial para facilitar y concurrir
a la construcción de un país más productivo,
competitivo, solidario y participativo, como medio esencial
para combatir decididamente la pobreza y la exclusión
social, de modo que El Salvador, con un sistema de amplias libertades
sea verdaderamente un país de oportunidades para todos.
Con esta visión dimos a ENADE 2002 el nombre: Libre Comercio,
Democracia y Desarrollo, por ser fundamentos ineludibles para
lograr de manera más acelerada el progreso sostenido.
Sin embargo, esto se facilitará si se introducen, expanden
y profundizan los modernos conceptos de la función social
de la empresa, sin distinción de tamaño o sector
a que se pertenezca, logrando construir una relación
solidaria desde el núcleo productivo básico -trabajador
y empresario-lo que impactará positivamente el entorno
empresarial.
Existe una íntima relación entre estos tres fundamentos,
porque el libre comercio expande las oportunidades comerciales
y productivas, potencia la iniciativa creadora de empresarios
y trabajadores e incrementa las posibilidades de establecer
alianzas estratégicas empresariales hacia el interior
del país, como dentro de la región centroamericana
y con otros países del mundo. En la medida que el comercio
se expande, la economía crece y hay más oportunidades
de inversión y generación de empleos, se eleva
el nivel y la calidad de vida de toda la población, estableciéndose
defensas espontáneas del sistema de libertades y facilitando
su reproducción y ampliación en el tiempo. Esto
garantiza la maduración de la democracia en todas sus
expresiones, condición fundamental para lograr el desarrollo
de la sociedad en la búsqueda de un estadio superior
de vida, resultante del encuentro del bien común, con
equidad.
Hoy, la mayor parte de la responsabilidad del progreso nacional
recae en la empresa privada salvadoreña, porque el Estado
ha reducido su intervención en la actividad económica
y cedido espacios al sector privado, trasladándole una
responsabilidad cuyo desempeño depende de su empuje,
visión y compromiso de invertir y producir con visión
social y en armonía con el medio ambiente. Este es el
mayor desafío en un país que comienza a distinguirse
por ser de los más libres del mundo, lo que si bien es
un privilegio, también es una responsabilidad histórica,
pues su permanencia depende de nuestras habilidades y capacidades
para hacer que el beneficio del progreso alcance a todos los
salvadoreños.
Para que lo planteado se materialice se deben cumplir ciertas
condiciones. Por un lado, está el papel que debe jugar
el Estado, contribuyendo a que tenga lugar el libre comercio,
se consolide y profundice la democracia y se acelere el paso
hacia el desarrollo integral de la sociedad salvadoreña.
Por tanto, el Estado debe jugar un papel determinante en la
conformación de la nueva institucionalidad, el pleno
imperio del Estado de Derecho y el logro de los mayores niveles
posibles de gobernabilidad, que en conjunto facilitarán
ganar aceleradamente competitividad y movernos con mayor dinamismo
hacia la integración centroamericana. Por otro lado está
el sector privado, dentro del cual destaca el sector empresarial,
que hoy plantea este renovado compromiso básico e histórico
de contribuir con decisión a la transformación
del país.
1. Libre Comercio
El libre comercio impone nuevos desafíos, que requerirán
que los empresarios y trabajadores desarrollen con más
fuerza y profunda conciencia la responsabilidad social de la
empresa, una virtud que debe fomentarse y desarrollarse en cada
individuo, desde el hogar, y proyectarse fuera de él,
para contribuir a crear una actitud social y empresarial de
permanente atención a los problemas socioeconómicos
básicos que limitan el progreso de la sociedad. Con este
enfoque nació la Fundación Empresarial para la
Acción Social FUNDEMAS-, con la misión de
concientizar, fomentar y apoyar el desarrollo de prácticas
de negocio socialmente responsables que contribuyan al bienestar
del ser humano, las organizaciones y la sociedad, para impulsar
el progreso económico y social de El Salvador.
Esto va más allá de la filantropía, pues
busca la generación de equidad social, el impulso del
crecimiento y desarrollo de la empresa y, así, de todo
el país, mediante:
i. La honra de valores éticos
claramente definidos, así como la adopción y aplicación
de un código de ética dentro de la empresa.
ii. La creación de un ambiente
justo y equitativo en el lugar de trabajo.
iii. El pleno respeto a los derechos
humanos con los clientes internos y externos de la empresa.
iv. La incorporación de
conceptos de sostenibilidad del medio ambiente en los procesos
productivos y en las operaciones internas y externas de la empresa,
por medio de políticas de impacto positivo, incluyendo
sus respectivas auditorias ambientales.
v. Relaciones con clientes, proveedores
y canales de distribución basadas en integridad, justicia
y honestidad.
vi. Acciones sociales de la empresa
y donaciones en efectivo y en especie a la comunidad, que se
transforman en beneficio mutuo, conocidas como filantropía
empresarial.
vii. La conjugación de los
intereses de la empresa y los públicos, con un enfoque
que va más allá de los requerimientos legales,
éticos y de transparencia, para establecer influencia
en el diseño y aplicación de políticas
de amplios y profundos beneficios sociales, primordialmente
como es el caso de salud y educación.
viii. La gobernabilidad empresarial
que está directamente relacionada con la institucionalización
de la responsabilidad social empresarial como filosofía
y estilo de trabajo de la empresa.
Este es un importante enfoque con características transformadoras
históricas, ya que el libre comercio por sí solo
no es más que una oportunidad que para aprovecharla en
toda su intensidad hay que saber prepararse. En caso de aprovechar
pobremente estas oportunidades, tenderá a crearse una
peligrosa situación de frustración que de seguro
dará espacios a los enemigos de la libre empresa y del
sistema de libertades que gozamos, ya que la insatisfacción
económica estimula desencantos sociales, que sustentan
la inestabilidad política y pueden generar condiciones
de ingobernabilidad, dando espacio al populismo y a los sentimientos
intervensionistas.
Por esto, los empresarios hoy adquirimos el gran compromiso
de invertir en El Salvador, de crear empresas más productivas,
competitivas y participativas, como medios fundamentales de
generación de empleos y de riqueza.
En la medida que tengamos más y más empresas altamente
competitivas, el país será observado como más
competitivo, haciéndolo más atractivo a la inversión
extranjera y a las alianzas comerciales estratégicas.
Esto se potencia, en la medida que Centroamérica sea
un solo mercado, donde El Salvador debe mantener su liderazgo
y aprovechar su ventaja comparativa de estar en el centro de
la región y contar con un recurso humano que se caracteriza
por ser capaz de evolucionar con rapidez.
Las oportunidades son grandes, las condiciones son propicias
y la decisión de aprovecharlas está en manos de
los empresarios y su liderazgo para promover y lograr comprometer
en una alianza empresarial a sus trabajadores y entrar así,
con decisión, por el camino que conduce al desarrollo
integral del país.
2. Democracia
En cuanto el sistema de libertades persevere y se ejerza con
total responsabilidad, se contará con las condiciones
fundamentales para que impere la democracia. Pero la democracia
debe madurar y manifestarse en todas sus expresiones.
La democracia económica, como expresión de la
libre empresa, del libre mercado, de la libertad de producir
y de vender, de la libertad del consumidor para tener los productos
y servicios que éste decida y comprarlos al productor
que él determine, como medio para lograr los mayores
niveles de eficiencia productiva, como de satisfacción
de las necesidades de la persona y de toda la sociedad.
La democracia social, entendida como la generación sistemática
de igualdad de oportunidades para todas las personas, desde
su concepción misma, donde los mayores vehículos
para dotarla de las adecuadas herramientas nacen de los servicios
de salud y de educación, que corresponden fundamentalmente
al Estado, en su papel subsidiario, y complementados por la
sociedad civil, en su papel solidario.
La democracia política que madura en la medida que hay
tolerancia, promoción del entendimiento, espacios para
todas las ideologías, respeto a la persona y al derecho
de propiedad y se busca forjar un ideal de país sustentado
en un sistema de libertades, que dé a todos igualdad
de oportunidades para progresar de acuerdo al esfuerzo y voluntad
de la persona.
La democracia jurídica, materializada en la igualdad
de la persona ante la ley y que todos están por debajo
de ella, en un orden donde impera el pleno Estado de Derecho.
En tanto haya progreso, se aprovechen las oportunidades del
libre comercio y madure el sistema democrático, que potencia
las capacidades de la sociedad y estimula el respeto de la institucionalidad
del país, entonces se estará construyendo el camino
que conduce con mayor fuerza al desarrollo integral e integrador,
sostenible y sustentable de la sociedad salvadoreña.
3. Desarrollo
Para cumplir con esos requisitos, el desarrollo debe materializarse
en los cinco grandes campos de gestión de las instituciones
de la sociedad: económico, social, político, jurídico
y medio ambiente. Avanzar hacia el desarrollo económico
tiende a generar más y mejores recursos para retroalimentar
el mismo proceso económico y para ampliar la infraestructura
económica y social del país, si se tiene fundamentos
solidarios.
La consecución de mayores recursos se concibe en una
sociedad solidaria como el fortalecimiento de los medios para
la materialización de una política social dinámica,
con fundamentos subsidiarios y solidarios. Esto potencia el
camino del desarrollo social, en la medida que la inversión
en capital humano y la prestación de servicios básicos
permiten la formación de recursos humanos de mayor calidad,
necesarios para alcanzar mayores y mejores niveles de producción,
que se transforman en progreso económico. De esta manera,
el camino hacia el desarrollo económico potencia el avance
hacia el desarrollo social, estableciéndose el círculo
virtuoso de progreso socioeconómico de la sociedad, que
actúa como el motor central que la impulsa con mayor
celeridad hacia el desarrollo.
En tales esfuerzos, el camino hacia el desarrollo político
demanda abrir surcos hacia decisiones de mayor calidad, que
nacen del estudio y evaluación de las mejores opciones
para el país y la persona humana, de lo contrario se
corre el riesgo que este sector se transforme en un freno del
progreso. Este devenir debe ser complementado a su vez por el
desarrollo jurídico, como columna vertebral de la credibilidad
y transparencia de la institucionalidad, guardando de su legitimidad
para garantizar un ambiente sano y predecible del camino hacia
el desarrollo del país. En estos dos campos de gestión,
fundamentalmente públicos, aún existen grandes
debilidades, que hay que remover para lograr avanzar con mayor
decisión en la lucha contra la pobreza, para estimular
la inversión y fomentar la creación de empleos.
Cierra el cuadro el desarrollo ambiental del país, requisito
fundamental para aprender a convivir y producir en armonía
con el medio ambiente, así como para recuperar el daño
causado hasta ahora por el ser humano.
Cuando logremos alcanzar un decisivo progreso en las cinco áreas
de gestión nos habremos acercado significativamente a
la forma de desarrollo que todos anhelamos y así aspirar
a ser considerados como un país caracterizado por sus
oportunidades para que las personas y las familias progresen.
El camino es largo y demanda perseverancia. Se ha recorrido
una parte fundamental en los últimos 13 años.
Ahora corresponde al sector privado enfrentar su mayor desafío:
construir otros fundamentos, coincidentes con el sistema de
libertades, el libre comercio, la democracia en su amplia expresión
y el desarrollo integral de la sociedad.
Esto requiere un cambio de enfoque, de mentalidad y de actitud
de la empresa ante la sociedad, para que impere la visión
moderna filosófica de la responsabilidad social de la
empresa, el espíritu solidario y convertirlos en vehículos
fundamentales para enfrentar este desafío, y ser exitosos,
para hacer de El Salvador un país más productivo,
competitivo, solidario y participativo en respuesta a ese anhelo
de todos los salvadoreños. Por tanto, en esa dirección
se apunta la voluntad de acción y el gran compromiso
de trascendencia histórica, que adquieren los empresarios
en el marco del Tercer Encuentro Nacional de la Empresa Privada,
ENADE 2002.