El Salvador ha evolucionado rápidamente
y se ha convertido en un país que destaca en Latinoamérica
por su proceso de modernización y apertura y por ubicarse
entre los más libres del mundo. En los años ochenta
nos reconocían por la guerra interna y las violaciones
de derechos humanos, los empresarios luchábamos por abrirnos
paso en un entorno de asfixiante intervención estatal
y para los trabajadores era común la alta inflación
y ver el anuncio no hay empleo, mientras todos los
indicadores de desempeño económico y de situación
social empeoraban, de modo que la pobreza alcanzó a 65
por ciento de la población. Fueron duros y dolorosos
tiempos, porque en nuestra lucha por la libertad y la libre
empresa vimos cómo la violencia nos arrebataba a grandes
dirigentes empresariales.
En los noventa, el sector privado liderado por la Asociación
Nacional de la Empresa Privada, ANEP promovió reformas
orientadas a construir los fundamentos de un nuevo El Salvador.
Se logró la paz y aceleró el proceso democrático,
que abrió espacios a todas las corrientes ideológicas.
Se bajaron y eliminaron impuestos onerosos, se abrió
y liberó la economía, se eliminaron los controles
de precios y la inflación se redujo a bajos niveles,
se estabilizó la moneda, disminuyó la tasa de
desempleo, ubicándose entre las más bajas de Latinoamérica,
y la pobreza se redujo a 45 por ciento. Esto contribuyó
a lograr una importante estabilidad macroeconómica y
sociopolítica. Además, se reprivatizó el
comercio externo y la banca, se privatizaron los servicio de
telefonía y la distribución de energía
eléctrica, se creó un sistema privado de pensiones,
dejamos de depender de las donaciones extranjeras y, como país,
pasamos a ser sujetos de crédito.
Todo lo anterior fue acompañado de profundas transformaciones
que emanaron de los tres órganos fundamentales del Gobierno,
loe que generó un clima de negocios propicio para la
inversión privada interna y externa. Sin embargo, el
rápido crecimiento económico del primer quinquenio
se vio contrastado por una desaceleración en los últimos
años del decenio, resultante primordialmente, de factores
externos.
Así llegamos a un nuevo milenio, caracterizado a nivel
global por una revolución del conocimiento que impone
cambios vertiginosos a empresarios y trabajadores y demanda
al Estado convertirse en facilitador de la actividad privada,
para enfrentar con éxito los tiempos signados por la
globalización. Los empresarios debíamos encontrar
mecanismos más idóneos para establecer nuestra
visión de país, trazar el camino a seguir e identificar
obstáculos a superar, lo que dio vida a este foro estratégico
y de trascendencia histórica que es el Encuentro Nacional
de la Empresa Privada, ENADE.
El primer ENADE en 2000, surgió cuando confrontábamos
un prolongado período de lento crecimiento, haciendo
que las propuestas apuntaran primordialmente a la reactivación
económica, aunque sin perder de vista la necesidad de
retomar un mayor ritmo de crecimiento en el mediano y largo
plazo, dentro de una estrategia integral de desarrollo, tal
como lo planteara la Comisión Nacional de Desarrollo
en el Plan de Nación.
Importante fue la apertura del Gobierno, especialmente, del
Presidente de la República, con su decisión de
integrar diferentes mesas de trabajo con funcionarios de alto
nivel y representantes empresariales. Lamentablemente, esta
lógica de trabajo fue interrumpida por los terremotos
de 2001, cuando el sector privado replanteó su agenda
para ayudar a los hermanos damnificados, en el marco de su función
social solidaria.
Los terremotos acentuaron la delicada situación económica
del país, cambiaron las prioridades y presentaron nuevos
desafíos. El escenario socioeconómico que se visualizaba
en la propuesta de reactivación de ANEP no era el mismo.
A pesar de estas dificultades, se concretaron varias medidas,
entre ellas el tratado comercial con México, la definición
de la política cambiaria a través de la Ley de
Integración Monetaria, la creación del Fondo Vial,
el proceso de modernización de las aduanas, la construcción
de carreteras y el aumento de los aranceles a productos sensibles
del sector agropecuario, los cuales generaron mejores condiciones
para el progreso del país.
También hubo depuraciones en la Policía Nacional
Civil, la Fiscalía General de la República y el
Órgano Judicial; y se progresó en el combate del
secuestro, lo cual tiende a crear mayor confianza para la inversión
y el trabajo.
Es importante destacar la valiosa contribución de la
Asamblea Legislativa, que contribuyó a hacer realidad
una parte importante de la agenda de interés nacional,
aprobando tanto el Presupuesto General de la Nación de
2001 como diferentes cuerpos legales trascendentales para el
país.
Así llegamos al Segundo ENADE realizado en agosto de
2001, el cual también tiene progresos significativos
en la construcción de un moderno mercado, abierto a la
sana competencia y dispuesto a crear alianzas estratégicas
y ser parte exitosa en el mundo globalizado en que vivimos.
Se concretaron los tratados comerciales con República
Dominicana y Chile, se firmó el tratado con Panamá,
y se progresó decisivamente en pos del inicio de un TLC
con Canadá, con los Estados Unidos y otro posible con
la Unión Europea y, en el ámbito de la integración
centroamericana, se avanzó en la integración aduanal
regional.
Se avanzó en el esfuerzo por mejorar, ampliar y hacer
un uso más eficiente de la infraestructura nacional,
mediante el establecimiento del financiamiento permanente para
el FOVIAL, la eliminación del subsidio del diesel a la
oferta del transporte colectivo y el inicio del reordenamiento
del transporte de pasajeros, la reconstrucción de la
Autopista al Aeropuerto Internacional, la reparación
de varios tramos de la carretera Panamericana y la finalización
de la primera etapa del proyecto de Caminos Rurales Sostenibles.
La aprobación y ratificación de los préstamos
para la construcción del Puerto de Cutuco y de la primera
etapa del anillo periférico, permitirá su pronta
construcción.
En reuniones entre el Fondo Social para la Vivienda y CASALCO
se lograron acuerdos para facilitar el acceso al crédito
a los empleados del sector público y privado.
Las condiciones comerciales fueron mejoradas con la prórroga
de los regímenes de zonas francas hasta el 2010, en el
marco de la OMC, con la aprobación de la Ley Orgánica
de Aviación Civil y de la Ley Especial para Sancionar
las Infracciones Aduaneras, acompañada con el decidido
combate al contrabando.
Se establecieron mejores condiciones de lucha contra el crimen
y la violencia que deterioran el clima de negocios y la confianza
de las personas, al ejecutarse planes estratégicos conjuntos
de combate del secuestro por la PNC y la Fiscalía General
de la República, con resultados que nos obligan a hacer
un reconocimiento especial a cada policía que ha expuesto
u ofrendado su vida en la lucha contra el mal.
Se aprobaron importantes leyes que potencian a El Salvador para
convertirse en una moderna plaza financiera en Centroamérica,
con capacidad de acompañar a los empresarios salvadoreños
en su incursión en la región y los países
con quienes se tengan tratados comerciales, así como
ofrecer servicios interconectados con las principales bolsas
mundiales.
Se hicieron esfuerzos importantes para hacer recortes significativos
en el gasto corriente, reorientando el gasto público
hacia sectores sociales prioritarios, como educación,
salud e infraestructura. El 2002 es el año con la mayor
asignación presupuestaria en inversión pública,
similar al monto invertido en el año de los terremotos.
Mayor satisfacción nos causa saber que se continúa
haciendo un esfuerzo por contener el gasto corriente y aspirar
a limitar el déficit fiscal por debajo de lo presupuestado
originalmente para 2002.
Especial reconocimiento damos a los logros en educación,
como el fortalecimiento financiero de Institutos Nacionales,
los programas de becas para estudios de doctorados y maestrías
en el exterior y la incorporación a los planes de estudio
de la enseñanza de moral, ética y valores a los
niños en las escuelas públicas. Esto último
debe profundizarse como herramienta para combatir la violencia
que unos pocos imponen a la gran mayoría de jóvenes
que buscan el progreso personal y familiar.
Después de dos años del primer evento, no sentimos
satisfechos del trabajo realizado, tanto por la apertura que
ha mostrado el gobierno central, como por la labor desarrollada
por la Asamblea Legislativa, que nombro una Comisión
Ad Hoc para dar seguimiento a las propuestas presentadas
en ENADE 2001, y que como resultado, se aprobaron 19 leyes y
reformas legales, alcanzando un 60% de las prioridades legislativas
coincidente entre dicho órgano del gobierno y el sector
privado.
El trabajo que ha desarrollado el sector privado en el marco
de los dos primeros ENADE ha sido arduo y el progreso significativo,
en el proceso de construcción de un nuevo El Salvador,
caracterizado por un sistema de libertades y una economía
de mercado, que debemos defender con resultados que contribuyan
decididamente al progreso nacional, con equidad.
Así llegamos a este tercer ENADE en 2002, con un El Salvador
que se reconoce como un país emprendedor, moderno, libre
y abierto al mundo. Pero, eso no basta. El dinamismo del progreso
nos impone nuevos y trascendentales desafíos que debemos
tomar y empeñarnos para ser exitosos. Debemos estar conscientes
de nuestras capacidades empresariales y tener la firme voluntad
de invertir en El Salvador. Es urgente desplegar nuestra habilidad
e ingenio productivo y comercial de acuerdo a las demandas de
los nuevos tiempos.
Es nuestro imperativo histórico tener confianza en nosotros
mismos y en nuestro país, ya que de nuestras propias
fuerzas depende construir nuestro destino y el progreso sostenido
que nos lleve al desarrollo integral de nuestra sociedad. Debemos
compenetrarnos que de esto dependerá la permanencia y
fortaleza del sistema de libertades, que tanto esfuerzo nos
ha costado, así como la magnitud de las oportunidades
que heredaremos a las futuras generaciones para seguir en el
camino del progreso.
Por eso, hoy enfrentamos con decisión la coyuntura histórica
para proyectarnos más allá del corto plazo y estructurar
una visión de largo plazo, sustentada en la urgencia
de ganar con rapidez y sistemáticamente mayores y mejores
niveles de competitividad y de hacer efectiva la renovada concepción
de la función social de la empresa. No hay más
donde mirar, no hay más donde pedir, porque esencialmente
está en nuestras manos construir el país que todos
anhelamos, para vivir en paz social, disminuyendo constantemente
la pobreza extrema y progresando con equidad, hacia el desarrollo
nacional integral e integrador.