Choco Riki de El Salvador: “Un exitoso emprendimiento dirigido por una veinteañera”.

50 productos, dos fábricas, cinco puntos de venta y un sitio de venta en línea bien montado hacen de este emprendimiento un modelo de negocio, pero su mayor fortaleza es sin duda quien lo dirige, Iris Vanessa Márquez, una joven de tan solo 20 años que tiene tantos sueños como ideas para crecer.

Choco Riki es un emprendimiento tan exitoso que pareciera que tras él hay un sólido y enorme equipo de colaboradores. Ofrece cincuenta diferentes tipos de productos cuya base es el cacao, posee cinco puntos de venta en lugares tan distantes como la capital o Ahuachapán y además un sitio web bien montado y amigable donde promocionan a más de 7,000 clientes satisfechos.

Choco Riki ofrece chocolate para bebidas como lo es el chocolate instantáneo o de cocer, bombones con hasta diez tipos distintos de rellenos, productos semielaborados tales como cocoa en polvo, manteca de cacao y las tradicionales barras de chocolate en diversas variedades, todo elaborado de chocolate desde semiamargo hasta el más puro y amargo y mucho más.

El emprendimiento lleva cuatro años de funcionamiento, aunque a su propietaria le gusta decir que oficialmente nació en 2018 cuando ya comenzó a caminar con más formalidad. “Inició con fondos propios, con préstamos hasta de mi abuelita” cuenta la joven creadora y también apoyos de organismos que fomentan emprendimientos.

La pequeña empresa posee dos fábricas donde todo se hace de manera artesanal con un enorme esfuerzo, coraje y valentía de Iris su creadora, una joven de tan solo 20 años que dirige este pequeño imperio de chocolate.

Lo primero que impresiona de Iris es la soltura y la madurez con la que habla y lo claro que tiene  cada paso que dará en su pequeña empresa, lo segundo es su enorme conocimiento sobre el cacao.

Iris es capaz de brindar una cátedra sobre este fruto, desde el cultivo, cómo este evoluciona y la producción del chocolate, desde el tostado de la semilla, el empacado de los productos hasta su comercialización, procesos para obtener financiamiento, manejo de marca y más.

La joven, junto a su equipo conformado por su madre, hermano y otras 2 personas con alto conocimiento en chocolate, crean los deliciosos chocolates en dos espacios de la casa familiar, un espacio para la parte caliente y el otro para la fría. Su familia se involucró de lleno, cuando observaron la pasión de su hija mayor por el emprendimiento.

Apoyada de su familia, Iris se encarga de todo lo que tiene que ver con el negocio, desde ir a comprar el buen cacao fermentado salvadoreño que obtienen en fincas de Sonsonate, procesarlo, producir cada producto, distribuir los productos en los diferentes puntos de venta con el apoyo de su novio que además con él participan en eventos de emprendedores, y no hay que dejar por un lado la venta en línea que también es otro canal de distribución, para este tienen alianza con otros emprendedores encargados de hacer las entregas.

El génesis del proyecto

Todo comenzó cuando Iris tenía apenas 16 años y cursaba su bachillerato en Lourdes, Colón, donde actualmente reside.

“Aprendí a hacer bombones de chocolate  y los vendía para ir pagando mis estudios además de que era un pasatiempo muy bonito, para aquel entonces mi padre tenía un pequeño cultivo de cacao y me fue mostrado el mundo del cultivo de dicho fruto, investigando y exponiendo en muchas ocasiones en mi escuela es que me enamoré de todo lo que tiene que ver con chocolate”, cuenta.

“El proyecto empezó por curiosidad pero luego pasamos problemas en la familia y entonces se convirtió en una necesidad para mí y mi futuro”, agrega.

Al graduarse de bachiller y sin dudarlo Iris se inscribió en la universidad en la carrera de Ingeniería en alimentos, hasta el momento todo lo que ella ha aprendido de su carrera lo ha implementado en la fábrica.

Ella y sus padres de una manera cómica cuenta, tienen varios diplomas escondidos bajo la cama, de talleres que han tomado en el Centro Nacional de Transformación Agropecuaria (CENTA), con CONAMYPE donde también participó en programas para obtener capital semilla,  y con varias organizaciones no gubernamentales como Alianza Cacao, entre otras.

Aunque su papá perdió la finca donde cultivaba cacao y otros productos agrícolas, ella ya estaba involucrada de lleno con el proyecto y debió buscar otros proveedores y como ella misma dice “echarle todas las ganas”.

“Mi familia se involucra, yo veo todo lo que tiene que ver con la organización del negocio, abastecimiento de materia prima, atender ferias, la distribución en la tienda, contabilidad, ventas, las redes sociales, entre otras cosas más con el apoyo de mi novio, mi madre me apoya en producción con otras chicas y mi hermano de 14 años me apoya en la parte de empaque, todos participan, me alegra que mi sueño sea parte de otro ingreso en casa”, explicó orgullosa.

Para ella los pilares de cada paso que da son su enorme fé en Dios, su familia y la disciplina, afirma que le han ayudado a alcanzar la madurez para buscar todo tipo de apoyos para ir creciendo, desde capital semilla hasta un financiamiento para la micro y pequeña empresa ofrecido por el gobierno y al que está aplicando.

Iris reconoce que su edad y el hecho de ser mujer le han dificultado abrirse camino, porque aunque algunos la admiran por lo que hace, otros no le tienen suficiente credulidad por su edad o genero, pero ella no se rinde y asegura que seguirá trabajando en ese proyecto que tanto le apasiona.

Iris además de ser emprendedora tiene una gran pasión por la música, desde su niñez ha ido aprendiendo a tocar el piano, la guitarra, cello, además de que canta. Sabe que no lleva una vida similar a otros jóvenes de su edad, pero para ella lo más importante son los frutos que va generando en su pequeña empresa Choco Riki.

Reconoce que la pandemia golpeó el negocio, pero también fue una oportunidad para crear el sitio web de Choco Riki https://chocoriki.com/ donde posee una tienda en línea de los productos y hasta un blog en el que detalla las riquezas del cacao, en donde promueven la cultura y conocimiento del cacao salvadoreño.

Iris, ya tiene trazado su plan para 2021, habla de hacer un “rebranding” (relanzamiento de su marca) para refrescarla, formalizar los permisos de la fábrica, lograr posicionar los productos en supermercados y tiendas de conveniencia, buscar un local para expandirse y obviamente conseguir financiamiento, lo último es un desafío grande porque su edad le juega en contra, ya que no tiene historial crediticio.

Además de ello Iris tiene un sueño del que habla con singular entusiasmo. Quiere montar una estación tipo bistró que combine la música, el cacao y el café.

“Quiero asociarme con alguien que le apasione el café tanto como a mí el chocolate y crear una estación muy bella, familiar, poner música relajante, invitar artistas que deben ser reconocidos en nuestro país por su gran talento, es mi mayor sueño que la gente llegue se tome un café o chocolate con un postrecito saludable y conozca de ambos cultivos, que pueda tener una reunión tranquila con amigos o de trabajo”, dice emocionada.

La joven emprendedora cree que el salvadoreño tiene la cultura de emprender por naturaleza, ella lo ha visto en sus padres, pero también cree que es importante echar a andar proyectos que despierten la pasión en quien los hace, esto pueden llevarlos a fracasar o a alcanzar el éxito.

“Nuestra base de apoyo es que estamos trabajando en algo que nos apasiona. La gente que emprende debe saber que siempre hay un modo de encontrar el cómo poner en marcha la idea, siempre hay un modo de emprender, solo hay que saber buscar… el dinero no debe ser nunca una excusa de parar o la razón para no iniciar un proyecto, además, hay que ser organizado en las finanzas, ser analítico por que no solo es de lanzarse al mercado sin conocerlo, tu segmento, entre muchas cosas más y finalmente, pero que siempre tiene que estar al inicio de todo es poner todo en las manos de Dios”, concluyó la joven.